Querida Yo Anterior: te amo, pero no te extraño

Hace siete años, bailaba a través de la vida inconscientemente. Yo era una neurocientista adicta al trabajo, estudiando cómo el cerebro puede cambiarse a sí mismo. Perseguí el reconocimiento; como un drogadicto, coleccioné premios, elogios y logros, pero nunca sentí la satisfacción o la felicidad embriagadora que tanto deseaba. Estaba bloqueada. No sentía nada.
Pasaba la mayor parte de mi tiempo en un laboratorio o en el gimnasio – estaba entrenando para un maratón. Comía torta de comida; las verduras raramente estaban en mi plato. Pensaba que la felicidad se encontraba dentro de un dulce o una Coca Cola. Nunca me tomé el tiempo para conocer a nadie. La intimidad era completamente ajena a mí. Yo estaba experimentando una línea de emoción plana: nunca sentí la euforia que bombeara mi corazón, y nunca me sumergí en la desesperación. Mi vida era como flotar en un pequeño barco en el océano más tranquilo.
Y luego una tormenta golpeó, y las olas que se estrellaban me arrojaron por la borda. Y lo que sucedió después fue la mayor cachetada de mi vida.
Hace siete años una garrapata vampírica me mordió, y la tormenta de la Enfermedad de Lyme entró en mi vida. Perdí la capacidad de trabajar; Raramente salía de mi casa; mi madre se refirió a mí como un cierre. Lyme secuestró mi vida, y me obligó a quedarme quieta por primera vez.
En esa quietud, todos mis bloques y barreras se derrumbaron. Comencé a notar cómo la energía de otros afectó cómo me sentía. Me di cuenta de cómo la comida me levantó o me empujó hacia abajo. Y aprendí cómo mis propios pensamientos influyeron en mi curación. Empecé a acercarme a la gente que me rodeaba, a conectarme y a escuchar. Mi corazón se abrió al amor, y yo estaba agradecida.
Mi viaje a la recuperación ha sido largo, pero tengo una mochila llena de lecciones aprendidas. Aprendí que si quería recuperarme, tendría que tomar medidas y hacer lo que fuera necesario para sanar. Aprendí que no me define el trabajo que hago – soy amada sin importar eso.  Aprendí que la comida que como me puede curar o dañar. Y aprendí que si me tomo el tiempo para escuchar y compartir mi verdad, la energía y el amor que recibo es la medicina más poderosa.
Ahora que veo la recuperación en el horizonte, he comprado un nuevo barco excepcional: uno que no sólo puede soportar el aumento de las olas del mar, sino que también puede albergar a todas las personas que amo y necesito en este viaje.
Puedo decir que todavía soy una chica ambiciosa – tengo grandes sueños, grandes deseos y gran amor para compartir. Pero nunca volveré a la vida sin alma y sin alegría que viví. He cambiado mis tenis por una colchoneta de yoga y un cojín de meditación, y renuncié a la comida chatarra para tomar jugos verdes. Ahora vivo mi vida consciente de cómo mis pensamientos influyen en el mundo que me rodea. Aprecio el amor más grande de mi vida: mi hombre; y doy gracias, todos los días, por mi madre.
Una mordedura de un insecto cambió mi vida. No puedo imaginar ser la chica que solía ser. De hecho, si tuviera que escribir una carta a mi antiguo yo, le diría que la amo, pero no la extraño.
Alison Smith
www.wildsister.com

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