AL LÍMITE

Que estoy en obesidad grado 1, que mi talla es la mínima de las Plus Size, que el número de mi calzado es de la categoría de los hombres, que mi estatura está por encima del promedio de las colombianas, bla bla bla… En fin, absorbiendo comentarios, estándares, y sumándole una baja autoestima, construí una imagen propia de un fenómeno que no encajaba en esta sociedad y por lo tanto no me identificaba con nada, solo me dejaba llevar por la marea intentando estar flaca o resignándome a estar gorda.

En medio de la situación me aferré a algo permanente en mi vida de adulta: “Las benditas” dietas (Las controladas, las de moda, las alternativas y hasta las prohibidas), un impulso y una frustración, un sube y baja de peso sin sentido por una presión social muy fuerte, que se reforzaba con la exigencia de mi peor enemiga en momentos como ese: Yo.

Un hito en este proceso fue vivir en otro país, donde la vida era más amable con la estética y la apariencia, donde la gordura y la estatura pasaban a un segundo plano y donde me pude descubrir en otra faceta, donde amé la versión de mí y donde pude disfrutar en libertad. Fue una etapa en la que después de 10 años me puse tacones para hacer planes en mi cotidianidad, en la que después de muchos otros me encantaba lucir mis brazos y piernas con tranquilidad, poniéndome vestidos cortos y shorts cada que me diera la gana, y lo más increíble es que fue una temporada en la que me olvidé de mi obsesión por el peso e irónicamente ha sido el tiempo en el que más flaca he estado.

Todo muy maravilloso, pero fue solo eso: una etapa, en la que me relajé y me dediqué a sentir y a vivir, olvidándome de un proceso previo muy importante para hacer duradero ese estado, y es el de fortalecer la autoestima para llenarme de amor propio. De eso me di cuenta cuando regresé a Colombia en medio de un torbellino, pues todos los miedos, las inseguridades y las frustraciones volvieron a salir a flote, al encontrarme frágil en un país en el que muchas personas pasan de ser críticas a ser criticonas, incluso desde una inconsciencia colectiva que considero les hace perder de vista que tienen un ser humano al frente, batallando con asuntos muy profundos que aparentemente se materializan en algo tan banal como el peso.

Al regreso, sin estar preparada para afrontar todas las situaciones que se presentaron en ese momento de mi vida, me refugié en la comida y luego de casi dos años de encerrarme y apartarme de la vida social, llegué a un límite en cuanto a mi peso; ósea para los médicos debía ingresar a tratamiento dentro del grupo de obesos, porque estaba comenzando en esa categoría; para el mundo de la moda no era obesa sino “troza” como decimos aquí en Colombia, entonces era complejo encontrar ropa en las tiendas, pues solo había variedad o para las demasiado flacas y “normales” o para las muy obesas, y como yo estoy en ese intermedio, tenía muy poco para elegir. Bueno y para mi familia era simplemente gorda. Lo que más me dolía es que muchos de mis familiares en su momento, pienso que impulsados por el amor que me tienen, por la nostalgia de lo flaca que fui en mi niñez, por lo delgada que estuve temporalmente cuando viví en el exterior o por verme “saludable” según lo que nuestra cultura ha definido, creo que se hicieron ilusiones con un peso que consideraban ideal para mí, llevándolos a que inconscientemente me hicieran bullying con el tema, lo que me hizo refugiarme más en la comida y aplastar más mi autoestima.

Solo hasta este 2019 y luego de muchas batallas y procesos internos, también de consejos de quienes me quieren, que han alcanzado a comprender la punta del iceberg de la situación real, y sobre todo luego de tomar la firme decisión de dejar de ser víctima de las circunstancias, cambié de perspectiva, me empoderé de la situación y di un paso adelante para exteriorizar mi proceso, porque aún estoy en eso, sin embargo con la dosis de amor propio suficiente para tener la fortaleza de contar, de exponer mi situación de manera masiva y especialmente de llenarme de valor para sumarme a las miles de personas que están visibilizando el tema en el mundo para inspirarnos entre todas, para que nos sintamos acompañadas en nuestros procesos, para que nos regalemos amor, para que dejemos de enfocarnos en la apariencia, de obsesionarnos con ser aceptadas y con encajar, y más bien darnos la oportunidad de que fluya nuestra belleza auténtica naturalmente, disfrutando de lo que somos por dentro y por fuera.

Ahora sí me siento preparada para contribuir con el cambio de paradigmas, para ayudar a suprimir las barreras mentales de nuestra sociedad, y sobre todo tengo la convicción de aportar de todas las maneras que me sea posible, para que el mundo entienda y sobretodo nosotras, que hay lugar para todas y que lo más importante es lo que nos hace sentirnos bien y estar bien.

Como dice la canción de Jarabe de Palo: “Depende, todo depende, de según como se mire todo depende…”

Hoy elijo pensar que todas somos bellas y que nuestra diversidad es compatible con el hecho de estar saludables.

¡Cultivando mi amor propio!

Att: Kata Cano Quiroz, Plus Size con un corazón talla grande @ktaplussize

2 comentarios en “AL LÍMITE

  1. Totalmente identificada! Los peores críticos están en nuestra, creen que nos ayudan pero antes nos hacen perder la autoestima que debemos estar ganando

  2. Bravo! El amor propio es la felicidad de encontrarse a sí misma y reafirmarse como individuo en la sociedad del estándar !
    😉

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